VÉANTE MIS OJOS, DULCE JESÚS BUENO….

…VÉANTE MIS OJOS, MUÉRAME YO LUEGO.

El misterio que hoy celebramos, la Transfiguración del Señor, lo manifestó Jesús a sus discípulos deseando infundir en sus corazones una firmísima e intima convicción de que, por lo presente, creyeran en lo futuro.Era como si les dijése «El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis promesas no ha de ser motivo para que vuestra fe se debilite»

Como decía nuestro Papa Emérito Benedicto XVI:
«La Transfiguración de Cristo es la revelación de su propia divinidad y que sólo Él es la única verdadera morada del cristiano.
Según los sentidos, la luz del sol es la más intensa que se conoce en la naturaleza; pero según el espíritu, los discípulos vieron, por un breve tiempo, un esplendor aún más intenso: el de la gloria divina de Jesús, que ilumina toda la historia de la salvación»

El Señor hoy nos convierte también en sus discípulos, nos escoge como a Pedro, Santiago y Juan para que subamos con Él al monte y le podamos contemplar en todo su esplendor.

Como Pedro podemos exclamar : «¡Qué bien se está aquí Señor!».¡Qué bien se está contigo! Queremos no apartar nuestra mirada de Ti y quedarnos atónitas ante el resplandor de tu belleza infinita.
Haz, Señor, que la luz que mana de tu corazón traspasado por nuestros pecados, fortalezca nuestra débil fe para que, así, seamos presencia viva de Ti en medio del mundo.