V DOMINGO…

… DE CUARESMA

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva el Padre le premiará.» (Jn 12, 20-33)

Quisiera, Señor, ser un grano de trigo triturado por el dolor y el sufrimiento, regado por las lágrimas que derramaste en el Huerto de los Olivos, dejar que la tierra donde vaya a caer esté empapada de llanto para dar fruto y no quedar infecundo. Quiero fortalecer mi voluntad.
Quisiera, Señor, ser un grano de trigo, caer el tierra y saborear la humillación que tuviste en tus tres caidas con la cruz a cuestas. Estar un tiempo en la tierra fría, experimentar la soledad que tu viviste camino del Calvario; así daré fruto y no quedaré infecundo. Quiero fortalecer mi humildad.
Quisiera, Señor, ser una semilla de trigo enterrada en tu sepulcro, sentirme sola pero tener la certeza de que Tú estás a mi lado; saber que Tú eres el jardinero, que muchas veces tiene que podar la planta para que de mucho fruto y no quedar infecunda. Quiero fortalecer mi esperanza.