TÚ ERES REALMENTE…

… EL HIJO DE DIOS.

La Pasión del Señor nos pone en silencio. De lo hondo del corazón nos brota una pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué siendo Dios no te salvas a Ti mismo? Pero es que si te salvas, no podrías salvarnos.

Contemplemos al Hijo de Dios, a Dios mismo humillado por nosotros, injuriado, perseguido, crucificado para salvarnos a todos. Que se conmueva la tierra por nuestra habitual indiferencia, que desaparezca la dureza de nuestro corazón para que al nombre de Jesús doblemos las rodillas. En silencio, humildemente, dejemos nuestros pecados a los pies de la Cruz y confesemos que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre. Sus heridas nos han curado.