IV DOMINGO DE CUARESMA…

«Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por ÉL… Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz… Todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz para  no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
En este Domingo de «Laetare» (alegría), el Evangelio nos habla de la luz y de las tinieblas, de unos ojos que quieren ver y de unos corazones que se empeñan en no ver, de un mirar según los ojos de la carne y de un ver y mirar desde el corazón.
Tú deseas, Señor, que seamos transparentes, que andemos en la verdad, en la luz. Hoy nos preguntas: ¿Crees en mí? ¿Qué le contestamos?: «Creo, Señor, pero aumenta mi fe. ¡Señor que te vea! ¡Y, luego, daré gracias por conocerte, por verte y por curarme de tantas dolencias que afectan a mi pensamiento, corazón, alma y espíritu! ¡Señor, que te vea! ¡Y, luego, dame la fuerza necesaria para defender tu presencia en medio de este mundo cada día más convulsivo y oscuro pues le faltas Tú que eres la Luz.