SAN JOSÉ, CUSTODIO DE JESÚS, DE LA IGLESIA Y DE LAS VOCACIONES

 Porque la Iglesia dedica el mes de marzo a san José,  cuya solemnidad celebrábamos ayer, y porque en este año  conmemoramos el 150 aniversario de la proclamación de este santo como patrón de la Iglesia universal, nosotras, desde nuestro pequeño Noviciado queremos compartir  una sencilla y breve reflexión acerca de este gran santo: el esposo de María y el padre de Jesús en la tierra.

En su mensaje para la fiesta dedicada a san José, el Papa
Francisco
nos habla sobre el sueño de la vocación, y recuerda que es la
llamada divina que siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No
hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de
lado los propios planes y comodidades, se dice verdaderamente “sí” a Dios
.

Dios ve el corazón y en san José reconoció un corazón de
padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano. Las vocaciones tienden a
esto: a generar y regenerar la vida cada día. El Señor quiere forjar corazones
de padres, corazones de madres; corazones abiertos, capaces de grandes
impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y
firmes en el fortalecimiento de la esperanza
”.

San José sugiere tres palabras claves para la vocación:

  •  Sueños.
    Es bueno tener grandes expectativas, metas altas con las que podemos
    realizarnos. Pero el mayor sueño de la humanidad es el amor. Es “el amor el que
    da sentido a la vida, porque revela su misterio. La vida, en efecto, sólo
    se tiene si se da, sólo se posee verdaderamente si se entrega
    plenamente. San José tiene mucho que decirnos a este respecto porque, a través
    de los sueños que Dios le inspiró, hizo de su existencia un don. Después de
    cada sueño, tuvo que cambiar sus planes y arriesgarse, sacrificando sus propios
    proyectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios. Él confió
    totalmente.»
       
  • Servicio.
    Se desprende de los Evangelios que José vivió enteramente para los demás y
    nunca para sí mismo. «El santo Pueblo de Dios lo llama esposo
    castísimo, revelando así su capacidad de amar sin retener nada para sí.
    Liberando el amor de su afán de posesión, se abrió a un servicio aún más
    fecundo.
    Se adaptó a las diversas circunstancias con la actitud de quien no se
    desanima si la vida no va como él quiere, con la disponibilidad de
    quien vive para servir.»
  • Fidelidad.
    José es el «hombre justo», que en el silencio laborioso de cada día persevera
    en su adhesión a Dios y a sus planes.
     La fidelidad, afirma Francisco, se alimenta
    «a la luz de la fidelidad de Dios. Las primeras palabras que san José escuchó
    en sueños fueron una invitación a no tener miedo, porque Dios es fiel a sus
    promesas.»

«¡No temas!: son las palabras que el Señor te dirige también a ti,
querida hermana, y a ti, querido hermano, cuando, aun en medio de
incertidumbres y vacilaciones, sientes que ya no puedes postergar el deseo de
entregarle tu vida. Son las palabras que te repite cuando, allí donde te
encuentres, quizás en medio de pruebas e incomprensiones, luchas cada día por
cumplir su voluntad. Son las palabras que redescubres cuando, a lo largo del
camino de la llamada, vuelves a tu primer amor. Son las palabras que, como un
estribillo, acompañan a quien dice sí a Dios con su vida como san José, en la
fidelidad de cada día».

Que él nos ayude e interceda por
nosotros, para que sepamos decir siempre sí a Dios con nuestra vida.