PORQUE FUE VARÓN JUSTO…

...le amó el Señor
Toda la vida
de San José fue un acto continuado de fe y de obediencia en las circunstancias
más oscuras y humanamente difíciles. Poco después del nacimiento de Jesús se le
dice: “Levántate, toma al Niño y a su madre y huye a Egipto” (Mt. 2,13); más
tarde el ángel del Señor le ordena: “Vuelve a la tierra de Israel” (Mt. 2,20).
Inmediatamente José obedece. No demora, no pide explicaciones ni pone
dificultades. Es, a la letra, “el administrador fiel y solícito a quien el Señor
ha puesto al frente de su familia”;
 totalmente disponible a la voluntad de
Dios, atento al menor gesto suyo y presto a su servicio. Una entrega semejante
es prueba de un amor perfecto; José ama a Dios con todo su corazón, con toda su
alma, con todas sus fuerzas.
Como San José
debemos ser solícitos y prontos en escuchar lo que el Señor nos quiere decir a
cada uno en particular y ponernos en marcha de inmediato. Estar atentos para
cuando el Señor hable a nuestro corazón, pues si no estoy atenta a lo que el
Señor me pide a mí en concreto, la misión que Dios me tiene encomendada nunca se
llevará a su término, por estar distraída, y ocupar mi mente y mi corazón en
cosas pasajeras.

Hoy le
pedimos a San José, patrono de las vocaciones y de la vida interior, que interceda
por los jóvenes que en Seminarios y Noviciados nos estamos formando para una
entrega radical a Cristo, para que al igual que él sepamos servir a Dios con
solicitud y en alegría. Le pedimos también que aumenten las vocaciones en la
Iglesia, que haya jóvenes valientes dispuestos a escuchar la voz del Señor y
responder a su llamada con un sí generoso.

El ejemplo de
San José es para todos los cristianos, que nos acogemos a su patrocinio, un
estímulo a la fe inquebrantable, a la aceptación sin reservas de la voluntad de
Dios y al Servicio generoso. 

La misión que
Dios encomendó a San José fue ser el custodio, protector y guardián de Jesús y María
en la tierra. Él cumplió esta misión fielmente hasta su muerte. Ahora me toca a
mi preguntarme: Y yo, ¿como cumplo mi misión?