PARA SER SANTO…

… SE NECESITA SER VALIENTE.


En la solemnidad de Todos los Santos, nuestra Madre la Iglesia nos recordó, una vez más, que los santos fueron hombres como nosotros… que tuvieron que «pelear», como también nosotros tenemos que luchar día a día.
Pero lo que los movía a darse sin medida fue la certeza de que no estaban solos: Dios estaba con ellos, actuaba en ellos y por ellos. Su gracia Omnipotente les sostenía en el combate.
¿Ejemplos de santos?.. ¡¡muchos, incontables!!; conocidos y no conocidos, que en el silencio del día a día, fueron ascendiendo los peldaños de la santidad y aceptando, con amor y entrega heroicos, la voluntad de Dios sobre sus vidas. Son personas que nos animan a correr, sin miedo, hacía la meta, en busca de la corona que no se marchita..

BEATO JUAN XXIII: «Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.»

SANTA MARAVILLAS DE JESÚS: «El amor del Señor no tiene límites;  que no lo tenga el nuestro.»

BEATO JUAN PABLO II: «… os aseguro que merece la pena dar la vida por Cristo.»

SAN FRANCISCO DE SALES: «No somos de nosotros mismos, sino de Aquel que para hacernos suyos, quiso, de manera amorosa, hacerse todo nuestro»

SANTA FAUSTINA KOWALSKA: «No busco la felicidad fuera de mi interior donde mora Dios. Gozo de Dios en mi interior, aquí vivo continuamente con Él»

BEATO MANUEL GONZÁLEZ: «Corazón de mi Jesús: no quiero tener memoria sino para acordarme de Ti; no entendimiento sino para conocerte y pensar en Ti, ni corazón sino para amarte, sino sentidos sino para sentirte a Ti. Que lo que yo haga sea un eco fiel de lo que hace y dice el Corazón de Jesús en el Sagrario.»

Testigos de la fe valientes, que no se amedrentaron, son los mártires que durante el siglo XX «lavaron sus mantos en la sangre del Cordero». La Iglesia lleva varios años reconociendo la heroicidad de estos hombres y mujeres: religiosos, religiosas, sacerdotes, laicos… que, perseguidos a causa de la fe, no temieron dar su vida por Cristo y -como Él – morir perdonando. Sólo respondieron con un unánime grito de paz: «¡VIVA CRISTO REY!».
Son tantas las almas que han recibido la palma del martirio por confesar su amor a Cristo y que gozan ya de la visión beatífica de Dios, que la Iglesia ha elegido el día de hoy, 6 de Noviembre para que todos recordemos que, al igual que ellos, estamos llamados a dejar «que nuestro grano muera» en este lagar, que es la tierra, para alcanzar la gloria del cielo.

A ejemplo de los mártires,  ofrezcamos nuestras vidas por Cristo en nuestro diario vivir. Como ellos, fijemos nuestros ojos en Cristo y no volvamos la vista atrás.