PARA SER SANTO…

 …HAY QUE ESTAR ENAMORADO Y LOCO POR DIOS.

La Iglesia pone hoy ante nosotros una galería inmensa de santos. Todos ellos son resplandor de la misericordia divina. Al mismo tiempo, en esa pluralidad de ejemplos encontramos un consuelo: el amor de Dios se extiende a todas las épocas y circunstancias. 

 
Un santo es como pepita brillante que en medio de una roca quiere devolver al sol la luz que recibe de él. Así nosotros estamos llamados a corresponder al amor de Dios viviendo según su amor. Él nos da su gracia; abrámosle nuestro corazón y que nuestras obras se unan a la alabanza de los santos en el cielo.