NO ME ARREPIENTO…

…DE HABERME ENTREGADO AL AMOR

«Durante más de dos horas, aquel 30 de septiembre, Teresa permaneció con el rostro congestionado, las manos amoratadas, los pies helados y temblándole todos los miembros. Un sudor abundante perlaba su frente con gotas enormes y les resbalaba por las mejillas. La opresión en el pecho era creciente y de vez en cuando, para respirar, emitía débiles gritos involuntarios…» 

Sin embargo, los santos están hechos de otra pasta. El terrible sufrimiento que desgarraba el último aliento de «la florecilla de Jesús» no impidió que el alma de santa Teresita se extasiara entre el alegre gorjeo de petirrojos y otros pajarillos para pronunciar una última frase que recogía, en pocas palabras, toda una vida de entrega marcada por la sencillez, el abandono y la confianza, un verdadero «caminito» de amor: «¡Lo amo…! ¡Dios mío…, te amo!»

Así moría Teresa Martín, y así, en el silencio, nacía a la vida Santa Teresita del Niño Jesús, que supo hacer vida todas las gracias que Dios derramó en ella, pues entendió que «lo que agrada a Dios es que ame mi pequeñez y mi pobreza».