MI DIOS…

Y MI TODO.

El 16 de abril es para la familia franciscana una fecha muy querida. Recordamos aquel momento feliz en que Francisco y sus primeros compañeros, cuando el grupo eran ya doce hermanos, como los doce Apóstoles, fueron a los pies del Papa Inocencio III y presentaron su proyecto de vida y el Señor Papa lo aprobó. Escribirá Francisco en su Testamento: «El Señor me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio, y yo en pocas y sencillas palabras lo hice escribir y el Señor Papa me lo confirmó».


 «La Orden de los Hermanos Menores» brotó de la mente y del corazón de Francisco, que ya era todo de Dios y de las almas.

Hoy, como familia franciscana y siguiendo las huellas de nuestra Beata Madre Carmen, alzamos nuestra voz como signo de alabanza a nuestro Creador que encendió en el corazón del «Poverello» de Asís este ardor por amar a Cristo Pobre y Crucificado.


Mirando a Francisco, y fiel al carisma de Madre Carmen, renovamos nuestros votos a Dios para que, viviendo y participando de su vida, seamos ese Evangelio viviente que Francisco tanto anhelaba y que hizo vida.