MI DIOS…

…y mi TODO
Caminando por este noviciado tras las huellas de Francisco nos encontramos hoy con un momento conmovedor: Francisco se entrega del todo a su TODO. ¿Quién puede imaginarse cómo viviría Francisco este momento? ¿Hasta qué punto se perdería en Jesucristo? ¿De qué manera proclamaría su renuncia al mundo para ser sólo de  Dios? 
Me imagino a aquel frailecillo postrado totalmente en adoración ante su Dios, saboreando la dulzura de su desposorio con la dama pobreza, de su abandono en las manos del Padre, de su amor único y total a Jesucristo. Y luego, el estallido de alegría resplandeciendo en su cara para dar testimonio al mundo entero ¡CONOZCO A CRISTO POBRE Y CRUCIFICADO, NO NECESITO MÁS!
Seráfico Padre San Francisco, mira nuestra congregación, mira a cada una de nuestras Hermanas. Todas hechas hijas tuyas, todas nacidas a la vida religiosa bajo tus brazos extendidos en señal de bendición. Haz de cada una un pedacito vivo de Evangelio como lo fuiste tú, viviendo en castidad, en pobreza y obediencia, a imagen de nuestro Salvador.
Mira también a este pequeño rebaño,  ovejuelas del Señor, que nos preparamos en este pequeño noviciado para entregarnos a Él,  como tú te entregaste. Danos tu coraje, danos tu alegría; pero, sobre todas las cosas, danos tu amor, para amar siempre al Amor que no es amado y llevarlo a nuestros hermanos.