MADRE DE LOS POBRES

Hoy celebramos a santa Isabel de
Hungría. La Tercera Orden Franciscana la honra como patrona y toda la
familia franciscana la cuenta entre sus glorias.
 Queremos aprovechar
esta ocasión única para presentar su figura excepcional de entrega a Dios
Padre, en el seguimiento de Cristo y en la disolución de todo su ser en el
Dios-Amor. Es también  protectora de nuestra congregación, por ello en este día
queremos recordarla, Si nuestro seráfico padre San Francisco pasó por el mundo
siendo evangelio viviente, Santa Isabel no dudó en tomar el relevo.


Se
vació de sí misma hasta hacerse asequible a todos los menesterosos. Descubrió
la presencia de Jesús en los pobres, en los rechazados por la sociedad, en los
hambrientos y enfermos. Todo el empeño de su vida consistió en vivir la
misericordia de Dios-Amor y hacerla presente en medio de los pobres.
Isabel
de Hungría nace en el seno de la familia real de Hungría a principios del Siglo
XIII.  A los cuatro años había sido
prometida en matrimonio, se casó a los catorce, fue madre a los quince años y
enviudó a los veinte. 

A pesar de que su matrimonio fuese concertado Isabel y
su esposo Luis viven una vida matrimonial fundada en el amor, la comprensión y
lo más importante, en El Señor. Esto hace que Luis pueda comprender el espíritu
de entrega que impulsa a Isabel a querer dar todo lo que tiene para los pobres,
arriesgando su reputación, su salud y acogiéndoles en su propio hogar, y la
humildad que la lleva a no querer vestir según su categoría si no lo más
humildemente posible. Se amaban tan intensamente los esposos que ella le
decía 
a Dios:         
Dios mío, si a mi
esposo lo amo tantísimo, ¿cuánto más debiera amarte a Ti?


El pueblo la
llamaba «la mamacita buena».
Su director espiritual, el P. Conrado,  escribió: «Afirmo delante de Dios que raramente he visto
una mujer de una actividad tan intensa, unida a una vida de oración y de
contemplación tan elevada». Algunos religiosos franciscanos que la
dirigían en su vida de total pobreza, afirman que varias veces, cuando ella
regresaba de sus horas de oración, la vieron rodeada de resplandores y que sus
ojos brillaban como luces muy resplandecientes.


Isabel
buscó el seguimiento radical de Cristo que, siendo rico, se hizo pobre, en el
más genuino estilo de Francisco. Abandonó las apariencias y ambiciones del
mundo, el boato de la corte, las comodidades, las riquezas, los atuendos de
lujo… Bajó de su castillo y puso su tienda entre los despreciados y heridos
para servirles. Fue la primera santa franciscana canonizada, forjada en la
fragua evangélica de Francisco.


El 17 de
noviembre de 1231, a sus 24 años, voló Isabel a la eternidad al unísono con el
salmo 44: “Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie, a tu derecha está la
reina enjoyada con oro de Ofir.