¡LLAMADOS A SER SANTOS!

Hoy
celebramos el día de todos los santos. En su exhortación apostólica
Gaudete et exultate, el Papa Francisco nos hace una llamada a la santidad, procurando
encarnarla en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades: «Porque a cada uno de nosotros el Señor
nos eligió
«para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor»
. Él
nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre,
aguada, licuada
…»

«Los santos nos alientan y acompañan. Estamos
unidos a todos ellos: no solo a los más conocidos, los del calendario, sino
también
  a los  «de la puerta de al
lado», a los miembros de nuestra familia y conocidos que ahora forman
parte de esa inmensa multitud. Los santos están cerca de nosotros, de hecho,
son nuestros verdaderos hermanos y hermanas. Nos entienden, nos aman, saben lo
que es nuestro verdadero bien, nos ayudan y nos esperan. Son felices y nos
quieren felices con ellos en el paraíso. Por este motivo, nos invitan al camino
de la felicidad, indicado en el Evangelio de hoy. En las Bienaventuranzas se
dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo
cotidiano de nuestras vidas.»


El Papa Francisco describe cada una de las Bienaventuranzas y su invitación,
concluyendo cada sección:


“Ser pobre en el corazón, esto es santidad.”


“Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad.”


“Saber llorar con los demás, esto es santidad.”


“Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.”


“Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad.”


“Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad.”


“Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad.”


“Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es
santidad.

“Si
buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, y reconocemos a Cristo en
el pobre y en el que sufre, se nos revela el mismo corazón de Cristo, sus
sentimientos y opciones más profundas.
El Señor nos dejó bien claro que la
santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias.”

Dios
pide todo de nosotros, y también nos lo da todo. No quiere entrar en nuestras
vidas para disminuirlas, sino para llevarlas a plenitud. Pidamos que el Espíritu
Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria
de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una
felicidad que el mundo no nos podrá quitar.