JUNTO A TU SEPULCRO…

… ESPERAMOS.

Silencio, adoración. Hoy, Señor, junto a María, tu Madre, callamos ante lo inaudito, ante lo grandioso, ante el misterio de un Dios que quiso reposar en lo profundo de la tierra. Nunca tan adentro tuvo al sol la tierra. Con tu sepultura nos enseñas una vez más el valor de lo escondido, la vida que se esconde tantas veces en el sinsentido de la entrega por amor.

Señor Jesús, junto a tu sepulcro esperamos. Un amor tan grande como el tuyo no puede morir, vivirá eternamente en el corazón de aquellos a los que has enamorado con tu mensaje salvador.

Señor Jesús, junto a tu sepulcro una vez más agradecemos, adoramos, meditamos en la grandeza que nos has dado al morir por nosotros. ¿Qué más pudiste hacer por nosotros? Nos lo diste todo, tu vida, tu muerte, tu descanso en el sepulcro, todo por nosotros… ¿Por qué no somos conscientes, Señor, de todo lo que nos has dado? ¿Hasta cuando, Señor, seguiremos alejados de Ti? ¿Por qué, Señor, este misterio de criaturas que se alejan de su Señor? Somos necios cuando no nos damos del todo a Ti, cuando buscamos otras cosas que no son Tú… Señor, sepultado en espera del triunfo definitivo, de la redención copiosa; bendito seas por las lecciones que nos das desde tu muerte: la entrega sin límites, la humildad, el despojo total, el amor hasta el extremo. Gracias por todo, Señor. Contigo y en silencio esperamos el grito gozoso de tu triunfo sobre la muerte, de tu victoria final.

Contigo y con tu Madre decimos al Padre: «HÁGASE».