“HIJAS MÍAS…

…¿me seréis
fieles en la obra que vamos a comenzar?”
Con el corazón lleno de alegría celebramos en este día la
fiesta de nuestra Beata Madre Carmen. Bendecimos al Señor por el regalo que nos ha hecho en la vida de Madre
Carmen. Ella fue, verdaderamente, un fiel reflejo del amor de Dios.
 Hoy, también, damos
gracias a Dios por los 132 años de fundación que cumple nuestra Congregación.
Nos sentimos inmensamente afortunadas de ser una más entre tantas y tantas hermanas que pasaron por este pequeño noviciado y se
prepararon un día para entregarse al Señor, haciendo crecer en santidad la Congregación.
Por sus frutos les conoceréis, del árbol bueno, salen frutos
buenos, Madre Carmen fue la semilla que arraigó en la tierra del Señor, la
tierra de la Iglesia; semilla que dio el ciento por uno; el pequeño grano de mostaza que creció hasta formar el árbol de
nuestra Congregación que se extendió a lo ancho del mundo y dio
fruto en tantas Hermanas.
 Unas
nos miran desde el cielo, otras
ofrecen el testimonio de su vida y su fidelidad como un impulso y una antorcha
que pasa de generación en generación, otras se dejan la vida sembrando con sus
palabras y sus obras la buena noticia entre niños, ancianos, enfermos y toda
clase de hombres y mujeres que buscan el amor sin saber que es Dios quien les
ama. Y las «pequeñas» de la casa miramos este bello árbol como una escuela de
santidad y nos admiramos de cada una de sus ramas, de sus hojas y de sus frutos; en él deseamos madurar, dar fruto y un día,
como Madre Carmen caer en tierra y dejar que se pudra nuestra semilla como el
grano de trigo.






































Juntas pidamos a Dios que nos conceda mirar al pasado con agradecimiento, vivir el presente con gran pasión, y abrazar el futuro con
esperanza. Que las obras que 
realizamos en nuestra Congregación sean para mayor
gloria y honra suya, tal como lo quería Madre Carmen.
¡GRACIAS MADRE! Por tu audacia, por tu valentía, por tu confianza y abandono en las manos de Dios. Desde el cielo
sigue cuidando de tu obra y de cada una de estas tus pequeñas hijas, para que seamos, como tú,  fieles testigos del amor de Dios ¡GRACIAS MADRE!.

¡BENDITO
SEA DIOS QUE TANTO NOS QUIERE!