FEBRERO…

…Redimir al cautivo
Nuestro barco avanza veloz, mes a mes, por el río de la misericordia, y ha llegado, por fin, al puerto de febrero. ¿Quiénes nos esperan en él? Los cautivos, todos aquellos hombres y mujeres cuyo corazón no disfruta aún de la libertad de ser y sentirse hijos de Dios: la libertad que Cristo nos mereció con su muerte en cruz y con su resurrección.

Con San Pablo queremos proclamar durante este mes y siempre: «¡Para ser libres os liberó Cristo!» a la vez que sabemos que sólo en Él se encuentra esta libertad. Todo lo demás es esclavitud adornada. 
Ponemos los ojos en primer lugar en nuestras esclavitudes para ver, con especial atención en este tiempo de cuaresma, cuáles son esas cadenas que a veces, bajo apariencia de bien, nos atan y nos esclavizan. Trabajemos por liberarnos de ellas ¿Cómo? acercándonos a Aquel que en la Cruz rompió todas las cadenas que nos esclavizan para después quedarse Él prisionero en el Sagrario. A este Divino Prisionero queremos hacer compañía para que Él vaya transformando nuestro interior y haciéndonos verdaderamente libres para amar como Él nos ama.
 Queremos denunciar a los «grandes señores» de nuestro mundo:  el consumo, la televisión, los vídeo-juegos, el dinero, las apariencias, el miedo, el poder…, ¡todo lo que se adueña de nosotros y de nuestro tiempo! Descubrirlos, quitarles su amable careta, sería un bien para nuestra sociedad; porque sólo así pueden nacer brotes de libertad de corazón, de justicia, de fe, de esperanza, de confianza en Dios, que ahogarían las estructuras sociales injustas de las que tanto nos habla el Santo Padre Francisco, y que son la causa de todas las esclavitudes reales de nuestro tiempo.