Explicación de la imagen

El Espíritu Santo nos ilumina, nos inspira, nos guía, nos habla…

Desde la sencillez, los primeros trazos nos descubren al Espíritu Santo que nos ilumina. Sencillos trazos que simulan una paloma que desciende (cf. Mt 3, 16), símbolo de sencillez y de pureza, pero también de fidelidad y de amor. Y una llama viva, símbolo del ardor apasionado del amor de Dios que se propaga en todas y en cada una de nosotras.

Hagamos nuestra su oración encomendándonos a Él con fe.

«Os recomiendo, hijas mías, la devoción al Espíritu Santo; al despertar encomendaos a Él con fe. Pido al Espíritu Santo me ilumine diariamente.»

Madre Carmen

La Eucaristía, centro de la vida de la Iglesia…

Desde la sencillez, y no visible a simple vista, la Sagrada Eucaristía está simbolizada en el centro de la imagen, de la misma manera que la celebración de la Eucaristía está en el centro de la vida de la Iglesia (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2177).

En comunión con la Iglesia y unidas en oración a los pies del Sagrario, queda simbolizada nuestra fraternidad franciscana que vive el «espíritu de familia. Un sencillo punto irregular de color anaranjado pretende simbolizar la unión de las Hermanas en torno a un mismo carisma.

La Tau, cruce de caminos en la Eucaristía …

Desde la sencillez, el cruce de caminos que dibujan la Tau en la Eucaristía nos recuerda que seguir a Jesús significa tomar nuestra propia cruz para acompañarlo en su camino, en «el camino de la Cruz». La Cruz es el camino hacia la Vida. No hay otra senda, ni otro atajo. Y, «hoy», nosotras, nos encontramos también unidas a los pies de la Cruz, única y verdadera esperanza. Un «punto de encuentro», para la unidad y la buena armonía en el cual estamos «hoy» simbolizadas todas las Hermanas. 

 

La Tau nos une a los Sagrados Corazones…

Desde la sencillez, caminamos juntas por el «camino de la Cruz» que nos lleva al Corazón de Jesús, en una prolongación de la Cruz donde su Corazón fue traspasado.

Y junto al Corazón de Jesús, el de su Madre María. Dos corazones que laten sincronizados en un mismo amor, para que aprendamos a vivir en esa sintonía «con más Corazón» y «con corazón de Madre» que nos lleva a Jesús. Ella nos enseña a vivir sincronizadas con los sentimientos del Corazón de Jesús. «¡A Jesús por María!»

 

«En unión de los Sacratísimos Corazones de Jesús y de María, no titubeemos en ofrecer los nuestros al Todopoderoso…»

Señor ¿qué quieres hoy de mí?…

Desde la sencillez, un interrogante. Señor, ¿qué quieres «hoy» de nosotras?. Señor, muéstranos el camino. Un camino lleno de preguntas que se dirige a la Cruz y que obtiene sus respuestas en el Sagrario.

Un «hoy» que aparece destacado sobre el interrogante. Un presente en el que «estamos llamadas a la unidad, a la comunión y a la fraternidad…».

 

Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones caminando juntas…

Desde la sencillez, «caminemos juntos en el único Pueblo de Dios, para hacer experiencia de una Iglesia que recibe y vive el don de la unidad, y que se abre a la voz del Espíritu». 

«Vivamos esta ocasión de encuentro, escucha y reflexión como un tiempo de gracia», dice el Papa.

Desde la sencillez, las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones hacemos vida cada día el legado de Madre Carmen, que «con su cercanía, compasión y ternura», Dios enriqueció a la Iglesia con una nueva familia dispuesta a llevar y dar a conocer su amor a los hombres. Dios nos ha llamado a ser su voz, a ser testimonio vivo de Cristo.