EUCARISTÍA, DIVINO ALIMENTO…

…CELESTIAL SUSTENTO PARA CAMINAR.

La solemnidad de hoy nos
recuerda que, en la fragmentación de la vida, el Señor sale a nuestro encuentro
con una fragilidad amorosa que es la Eucaristía.
En el Pan de vida, el Señor
nos visita haciéndose alimento humilde que sana con amor nuestra memoria, enferma
de frenesí.
Porque la Eucaristía es el memorial del amor de Dios. Ahí «se
celebra el memorial de su pasión», del amor de Dios por
nosotros, que es nuestra fuerza, el apoyo para nuestro caminar. Por eso, nos
hace tanto bien el memorial eucarístico: no es una memoria abstracta, fría o
conceptual, sino la memoria viva y consoladora del amor de Dios.
En la
Eucaristía está todo el sabor de las palabras y de los gestos de Jesús, el
gusto de su Pascua, la fragancia de su Espíritu. Recibiéndola, se imprime en
nuestro corazón la certeza de ser amados por él. 
La Eucaristía nos anima:
incluso en el camino más accidentado no estamos solos, el Señor no se olvida de
nosotros y cada vez que vamos a él nos conforta con amor.
La Eucaristía nos
recuerda además que no somos individuos, sino un cuerpo.
Como el pueblo en el
desierto recogía el maná caído del cielo y lo compartía en familia (cf. Ex 16),
así Jesús, Pan del cielo, nos convoca para recibirlo juntos y compartirlo entre
nosotros.
La Eucaristía no es un sacramento «para mí», es el sacramento de
muchos que forma
n un solo cuerpo.
Nos lo ha recordado san Pablo: «Porque
el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos
comemos del mismo pan» (1 Co 10,17).
Y ahora, viviendo la
Eucaristía, adoremos y agradezcamos al Señor por este don supremo: memoria viva
de su amor, que hace de nosotros un solo cuerpo y nos conduce a la unidad.
(Papa Francisco)