«EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE…

… PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL».





Jesús, en este pasaje, nos deja una prenda de su presencia. Es el Viático de nuestra vida: el alimento para el camino.
Jesús nos muestra que quiere permanecer entre nosotros para siempre, para que así las almas rescatadas con su preciosa Sangre sean siempre santificadas.
Cada día tenemos la oportunidad de participar en el Sacrificio Eucarístico, haciéndonos uno con ÉL en la entrega al padre.
Este es el Sacrificio de la Pascua  que nos lleva a la liberación de la esclavitud. Dejemos que Cristo, hecho Pan, alimente nuestra vida espiritual y  vaya  transformándonos cada día más. Así, Él permanece en nosotros y nosotros en Él.