DULCÍSIMA VIRGEN MARÍA DE LA MERCED…

...intercede por nosotros.

Hoy celebramos con gozo 
a María santísima bajo la advocación de la Virgen de la Merced.
A ella
que es nuestra madre recurrimos solicitando su auxilio y protección para que
interceda ante su Hijo santísimo por todos nosotros. Dios quiere, ciertamente, que  invoquemos a María, que nos acerquemos a ella con confianza, que apelemos a su
maternidad, pidiendo que se manifieste como nuestra Madre. Ella jamás ha
dejado de escucharnos. No olvidemos nunca  que la presencia de la Virgen en la Iglesia, y
por tanto en la vida de cada uno, es siempre “una presencia maternal”, que
tiende a facilitarnos el camino, a librarnos de aquellos peligros – pequeños o
grandes – a los que nos conduce nuestra torpeza ¿Que sería de nosotros sin
sus desvelos de Madre? procuremos ser buenos hijos. Ella está siempre
atenta  a las súplicas de sus hijos y sus manos de Madre
siempre están llenas de gracias que desea derramar sobre sus hijos.

«Querida madre, Abogada mía,  guárdame bajo tu manto y ampárame. Líbrame de
todo mal, sácame de la aflicción que me aqueja. Encanto de mi corazón, embeleso
delicioso de mi alma yo no tengo otra esperanza, después de  Jesucristo, que tú, Virgen Santísima de la Merced. Tú eres el auxilio de los afligidos; Tú,  que sabes ayudar amorosamente
a los conocedores de tu bondad y de la eficacia de tu intercesión.
 En ti confiamos. Recibe mi ofrenda de amor, disculpa mis faltas y acepta mi agradecimiento por
tantos y tan grandes favores que tus hijos hemos recibido. Reina de la gloria que
bajaste del cielo a la tierra declarando que eres Madre de la Merced y de la
misericordia, ruega por nosotros.»