¡DESPERTAR AL MUNDO!

Hoy día 2 de febrero en el que celebramos la fiesta de la Presentación del Señor, celebramos el día de la Vida Consagrada.


Jesús es presentado en el templo por sus padres. Es admirable el ejemplo que nos da la Sagrada Familia en este día, pues, se someten a la ley de la purificación legal sin que nada les obligue: Jesús no tenía que ser rescatado, ni María tenía que ser purificada. ¡Qué lección de humildad y de sometimiento a la ley de Dios!

En este año dedicado a tantos que han consagrado su vida al servicio del Reino, el Santo Padre nos invita a releer nuestra historia personal y verificarla a la luz de la mirada del Amor de Dios.
« Llevamos este tesoro en vasijas de barro » ( 2 Co 4,7). Esta certeza es lo que se llama « sentido de misterio ». Es saber con certeza que quien se ofrece y se entrega a Dios por amor seguramente será fecundo (cf. Jn 15,5). Tal fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida. A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado(…) pero el Señor toma nuestra entrega para derramar bendiciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos. El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca. (Evangelii gaudium 279).


Miremos pues al pasado con gratitud, vivamos el presente con pasión y abracemos el futuro con esperanza.Sólo así seremos de esos que reman mar adentro sin miedo a desgastarse por Cristo. Nos toca vivir grandes desafíos y no hemos de tener miedo, quien está dispuesto a arriesgar por Cristo, jamás se equivoca y sabe que sólo quien pierde la vida por Él, la gana. Corramos hacia la meta para ganar la corona que no se marchita.