CUÁNTO AMOR DERRAMADO…

… Y MANIFESTADO.

Señor Jesús, hoy es un día especial, hoy la manifestación de tu amor llega a su cúlmen. Hoy, en tu deseo de marcharte y quedarte, te entregarás y te comprometerás a estar siempre con nosotros. Es el misterio del Pan, de tu Eucaristía, el misterio de tu presencia amorosa entre nosotros.

Cuántos sentimientos invadían tu corazón aquel Jueves Santo primero en la historia de tu amor por nosotros, sentimientos de amor: «no os dejaré», sentimientos de perdón: «vosotros sois los que habéis perseverado»… Sentimientos de ánimo: «tened valor, Yo he vencido al mundo», sentimientos de cercanía: «Yo estaré siempre con vosotros».

¡Cuánto amor derramado y manifestado, Señor, cuánta bondad, cuanto olvido de Ti, cuánta entrega! Déjanos, Señor, adorarte y callar; amarte y agradecer; déjanos contemplarte y alegrarnos porque somos el objeto de tanto amor.

Señor Jesús, Pan vivo, cercano, amante, entregado… que aprendamos a leer en el Sagrario la bendita lección del amor verdadero para que ya no vivamos para nosotros sino para Ti. Sólo Tú, Señor, mereces la entrega de nuestro amor; sólo Tú, Señor, eres digno de toda adoración y alabanza; sólo Tú, Señor, sólo Tú.