viernes posterior al II domingo de Pentecostés. Todo el mes de junio está, de
algún modo, dedicado por la piedad cristiana al Corazón de Cristo, y más
especialmente nuestra Congregación que, por ser Franciscanas de los Sagrados
Corazones, lo celebramos como parte de nuestro Nombre.
Adoramos el Corazón de Cristo porque es el Corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre, de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que, sin dejar de ser Dios, asumió una naturaleza humana para realizar nuestra salvación. El Corazón de Jesús es un corazón humano que simboliza el amor divino. La humanidad santísima de Nuestro Redentor, unida hipostáticamente a la Persona del Verbo, se convierte así para nosotros en manifestación del amor de Dios. Sólo el amor inefable de Dios explica la locura divina de la Encarnación: “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito, para que el que crea en él no muera, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3, 16). Es el misterio de la condescendencia divina, del anonadamiento de Aquel que “a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2, 6 ss).
Primer centenario de la Consagración de España al Sgdo. Corazón
autoridades religiosas, civiles y militares, con gran multitud de fieles, junto
al recién construido monumento al
Sagrado Corazón de Jesús.
Alfonso XIII, de pie, en nombre del pueblo español, hizo lectura solemne de la
oración mediante la cual se expresaba públicamente la consagración de
España al Sagrado Corazón de Jesús:
postra hoy reverente ante ese trono de tus bondades que para Ti se alza en el
centro de la Península… Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de
los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y
de las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias”.
la columna que sostiene la imagen de Jesucristo se leen las siguientes
palabras: Reino en España. Se daba
así cumplimiento a la promesa hecha por el Sagrado Corazón de Jesús al beato
Bernardo de Hoyos –“Reinaré en España”–, a la vez
que se materializaba en nuestra nación la petición del papa León XIII al
consagrar el género humano al Corazón de Cristo (11 de junio de 1889),
expuesta en la encíclica Annum sacrum.
