CONVERTÍOS AL SEÑOR, DIOS VUESTRO…

…porque es compasivo y misericordioso

Dice el Señor:  (Joel 2,13).El elemento
esencial de la conversión es en verdad la contrición del corazón: un corazón
roto, golpeado por el arrepentimiento de los pecados.
Este arrepentimiento
sincero incluye de hecho el deseo de cambiar de vida e impulsa a ese cambio
real y práctico. Nadie está libre de este empeño: todo hombre, aun al más
virtuoso, tiene necesidad de convertirse, es decir, de volver a Dios con más
plenitud y fervor, venciendo aquellas debilidades y flaquezas que disminuyen
nuestra orientación total hacia Él. Es necesario no un ligero cambio de camino si no un giro de nuestro corazón de 180º para volverse al Señor y comenzar la aventura apasionante de andar según su voluntad.
La Cuaresma es tiempo de
renovación espiritual:  (2Co 6,2). Es tiempo para prepararnos para la
celebración del Misterio Pascual, en el cual precisamente Cristo salva al
hombre del pecado y de la muerte eterna y transforma la muerte corporal en un
paso a la vida verdadera, a la comunión feliz y eterna con Dios. El
pecado y la muerte son vencidos por Cristo muerto y resucitado y tanto más
participará el hombre de semejante victoria cuanto más participe de la muerte y
resurrección del Señor.
En este Año Santo de la
Misericordia dispongamos nuestro corazón al encuentro de este Cristo que
entrega la vida por cada uno de nosotros y seamos portadores de ese amor sin
medida, seamos mensajeros de la misericordia, para todos aquellos que se
encuentra alejados de Dios, para todos aquellos que quieren emprender otra vez
el camino y sentir la misericordia de Dios en sus vidas.


Pidamos de una manera muy
especial por todos los sacerdotes del mundo, ya que ellos son instrumentos de
la misericordia de Dios, para que cada persona que se acerque a ellos, puedan
experimentar el amor misericordioso de Dios, que se derrama a través del
Sacramento de la Penitencia. Que nuestro corazón pueda convertirse en un oasis
de misericordia y en verdadero reflejo del amor de Dios.