CAMINO QUE DA VIDA…

El tiempo de Cuaresma es tiempo de preparación. Preparar el alma, el corazón y todo nuestro ser entero para el Triduo Pascual
Hacerse sensible al más mínimo detalle y atisbar el rostro de Jesús doliente en cada instante. Es tiempo de austeridad exterior pero de gozo interior,  porque esperamos con ansias el encuentro con Jesús Amor: Primero en la Última Cena, Amor sensible que se entrega; luego, la Pasión, Amor incomprensible, dolor magnánimo y, por fin, Amor que vence, que perdona, que da vida, que resucita y nos resucita; Incomparable Misterio de nuestra fe que no se entiende de otro modo más que contemplándolo.
La Iglesia, que sabe de nuestra condición débil y pecadora, propone sabiamente, año tras año, en la Liturgia recordar, revivir, actualizar, el misterio de nuestra fe para que en el largo transcurso de nuestra vida vivamos siempre «preparándonos para el cielo», la verdadera vida, la vida eterna… Es tiempo propicio para meditar, profundizar y contemplar la persona de Cristo pobre, tal como nos lo presenta el Papa Francisco en su mensaje para esta Cuaresma. 
Todo este camino, que hoy empezamos, no lo hacemos solos, sino guiados y llevados de la mano de nuestra Madre, quien más sabe de amor, que nos abre los brazos para que descansemos en ella.