AQUÍ ESTOY, SEÑOR…

…PARA HACER TU VOLUNTAD
La Iglesia celebra hoy el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios y, al mismo tiempo, la vocación de Nuestra Señora, que conoce a través del Ángel la voluntad de Dios sobre Ella. Con su correspondencia -su FIAT- comienza la Redención.

«Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su hijo nacido de mujer»
Como culmen del amor por nosotros, envió Dios a su hijo unigénito, que se hizo hombre, para salvarnos y darnos la incomparable dignidad de hijos. Con su venida podemos afirmar que llegó la plenitud de los tiempos. Jesús no apareció en la tierra como una visión fulgurante, sino que se hizo realmente hombre, como nosotros, tomando la naturaleza humana en las entrañas purísimas de la Virgen María. La fiesta de hoy propiamente de Jesús y de su Madre. Por eso, ante todas las cosas es razón poner los ojos en la pureza y santidad de esta Señora que Dios escogió para tomar carne de ella.


Acudimos a la Madre de Jesús, nuestra Madre: ¡Oh, María!, hoy tu tierra nos ha germinado al Salvador… ¡Oh, María! Bendita seas entre todas las mujeres por todos los siglos… Hoy Dios se ha unido y amasado con nuestra humanidad, tan fuertemente que jamás se pudo separar de esta unión ni por la muerte ni por nuestra ingratitud. ¡Bendita seas!