AMAR, SEÑOR, COMO TÚ HAS AMADO….

…SUFRIR COMO TÚ HAS SUFRIDO.

El 17 de de septiembre toda la familia franciscana celebramos la impresión de las llagas de nuestro Padre san Francisco.
 Cuenta la leyenda que mientras oraba… “vio bajar de lo más alto del cielo a un serafín que tenía
seis alas tan ígneas como resplandecientes. En vuelo rapidísimo avanzó hacia el
lugar donde se encontraba el varón de Dios, deteniéndose en el aire. Apareció
entonces entre las alas la efigie de un hombre crucificado, cuyas manos y pies
estaban extendidos a modo de cruz y clavados a ella. Dos alas se alzaban sobre
la cabeza, dos se extendían para volar y las otras dos restantes cubrían todo
su cuerpo…

Por fin, el Señor le dio a entender que aquella visión le había sido
presentada así por la divina Providencia para que el amigo de Cristo supiera de
antemano que había de ser
transformado totalmente en la imagen de Cristo
crucificado
no por el martirio de la carne, sino por el incendio de su espíritu.
Así sucedió, porque al desaparecer la visión dejó en su corazón un ardor
maravilloso, y no fue menos maravillosa la efigie de las señales que imprimió
en su carne. Así, pues, al instante
comenzaron a aparecer en sus manos y pies
las señales de los clavos
, tal como lo había visto poco antes en la imagen del
varón crucificado”.

Celebrar los estigmas de San
Francisco, además de causarnos admiración y gratitud a Dios, también es una
invitación a renovar nuestro
amor a Dios y a la humanidad, por quienes Cristo
dio su vida.  Apasionarnos por la salvación de todos, repitiendo como
Francisco: «Amar,
Señor, como Tú ha amado, sufrir, como Tú has sufrido
«. «Contemplemos, hermanos todos, al buen
Pastor, que sufrió la Pasión de la Cruz para salvar a sus ovejas».